Cuando José Giroud decidió abandonar Francia con sus dos hermanos y asentarse en la Villa de la Santísima Trinidad en el año 1827, no imaginó que su familia echaría raíces en este lugar por generaciones, ni que su impronta como fundidor de metales sería recordada y valorada por sus descendientes. Tal es así que cuando sus familiares se propusieron crear un restaurante, la primera condición establecida por la tataranieta del francés fue que su nombre evocara los orígenes de la familia. El Restaurante Giroud surgió para continuar el legado de quien construyera, en el siglo XIX, las campanas de la Gran Piedra, luego de su desembarco en Oriente, trajera el agua a Trinidad y diseñara la glorieta del actual Parque Central de la ciudad.

Una de las dueñas, Rosa Diez Giroud, restauradora de pintura mural, influyó en la decisión de no alterar la fachada del establecimiento, aunque en su interior sí fue necesario demoler dos paredes para ampliar el recinto y construir el bar. El diseño de interiorismo partió del rescate y reconceptualización de objetos de épocas pasadas, como una máquina de escribir y un juego de muebles que ahora contribuyen a la singular decoración del lugar y un televisor Caribe convertido en asiento. La madera y el ladrillo son elementos recurrentes y la sencillez de estos contrasta con el estilo ecléctico y vintage de la decoración. Las losas bremesas son características de la mayoría de los inmuebles trinitarios (cuentan que los barcos alemanes las traían  como peso muerto en sus viajes a la Isla para comprar el azúcar cubano y, estas quedaron en la villa como recuerdo de la época de bonanza de Trinidad).

En uno de los estantes se conserva un crucifijo tallado por José Giroud a partir del fémur de uno de sus hermanos, muerto por deshidratación en alta mar. Esta reliquia familiar fue heredada de generación en generación y hoy es conservada por los descendientes. Cerca del bar dos banderas, la cubana y la francesa, destacan la unión de ambas culturas en la familia y el recuerdo por los primeros portadores del apellido. El restaurante fue diseñado por Julio Aníbal Bastida, hijo de la dueña, quien supo aportar al lugar un gusto refinado, que provoca el interés de cuanto transeúnte recorre los adoquines de la calle Rosario. En la fachada, una tarja destaca la impronta de José Giroud, quien vivió en calle Alameda, donde tuvo su fundición de metales. En la actualidad, el Restaurante Giroud se erige en Trinidad ratificando que, en esta familia, el arte ha estado presente por generaciones. 

| Larissa Martínez

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