LÍNEA DE DESEO: Luis Ramírez Jiménez


En el año 1991, Luis Ramírez Jiménez se despidió de las aulas y talleres del Instituto Superior de Diseño, donde aprendió las artes de un oficio que ya traía en las venas y que se ha convertido en la pasión de su vida.

Sala-Luis

Desde muy pequeño me gustó siempre dibujar e inventar cosas. Mi madre decía que cuando yo era muy pequeño me encontró unas manchas en las uñas de los dedos y, sin saber la causa, me llevo al médico. El doctor que me atendió no estaba claro de lo que me pasaba y la mandó a observarme. Así fue como ella descubrió que yo me martillaba los dedos haciendo carritos y barcos con pequeños palitos de madera.

Mi madre —que era muy joven— y yo, vivíamos solos. Yo tuve que ser desde niño «el hombre de la casa» y la necesidad de solucionar todo tipo de problemas domésticos hizo que se me desarrollara aún más la inventiva y la responsabilidad.

En el preuniversitario me comentaron que se podía estudiar Diseño en la Universidad. Mi entusiasmo era inmenso, pero yo no tendría esa posibilidad, porque vivía en Santiago de Cuba y la carrera de Diseño solo se estudiaba en La Habana. Pero conté con tan buena suerte, que ese año por primera vez abrió la convocatoria para el resto del país. Me presenté, aprobé y vine a vivir a una beca que habilitaron para estudiantes de otras provincias.
Hice mi tesis de Diseño Industrial en la especialidad de cerámica y su título es Intervención Cerámica en el Desarrollo. Era un sistema de piezas utilitarias para hoteles que tuvo muy buena aceptación. En aquellos tiempos, durante la defensa de las Tesis de Grado, la escuela era visitada por ministros, y sin dudas gozaba de mucho prestigio. La ONDI, como órgano de relación del Instituto, jugaba un papel fundamental. Luego de la presentación de mi tesis, se interesaron por el conjunto creado por mí, y me comunicaron que podría producirse para el hotel Habana Libre. Y yo aún sigo sin encontrar un mejor premio que ver un diseño puesto en producción y siendo usado por muchas personas.

En la línea del diseño…

Para producir mi conjunto tuve que desplazarme a la Isla de la Juventud, pero lo hice con mucho gusto, porque el deseo de hacer era muy grande. Ya en la industria pude conocer los diversos procesos productivos, las tecnologías e intercambié mucho con los trabajadores más experimentados. Fueron tres años de intenso trabajo, recuerdo que apenas dormía.
Cuando terminé el servicio social regresé a Todavía los conservo como un hermoso Santiago de Cuba, mi ciudad, que me esperó pacientemente mientras estudiaba. Allá empecé a trabajar en la Industria del Mueble y, paralelamente, seguí haciendo cerámica en un pequeño taller que monté en la sala de mi casa.

Desde Santiago también diseñé todo el mobiliario del hotel Santa Isabel en La Habana Vieja. Cuando eso no teníamos computadoras. En mi pequeña oficina tenía una mesa de dibujo, pero los planos eran tan grandes que no me cabían y tenía que terminarlos en el piso. Toda una aventura, pero ahí está.
Durante el Período Especial de los años 90, el turismo fue un factor clave para el desarrollo del Diseño.
El Período Especial fue sin dudas difícil, pero al Diseño le hizo mucho bien, paradójicamente, y muchos lo supimos aprovechar…

(Para leer la entrevista completa, descargue la revista; para descargar los modelos, pinche aquí)

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